sábado, 20 de junio de 2009

Capitulo 6. El perro de Paulov

El cielo está bostezando, y estira sus brazos hasta tocarnos las mejillas. Hay muy pocas nubes que, perezosas, se tocan tranquilas sus pestañas blancas y delgadas. Los pájaros comienzan a cantar y nos miran curiosos, por estar allí, tranquilos, en silencio, resacosos sin resaca y borrachos sin voz. Son las cinco menos cuarto de la mañana y apenas quedamos 12 personas, más dormidas que despiertas, pero ahí seguimos, a ritmo de Bob Marley bajito, con vasos vacíos en las manos y la mirada brillante y tranquila.

Fue la noche pantuflas-soirée pantoufle de la inauguración de la casa en la que vivimos Dafne, Jerome, Jullian, Ted y yo desde principios de junio. Una noche en la que la gente no se conoce, pero al final acaba siendo un mismo grupo que se mueve al unísono con ritmo de guantanamera y voz en grito, provocando que la policía venga a tocar a la puerta…para luego cantar susurrando canciones míticas de los ochenta y noventa, ya seas español, flamenco, belga, francés o africano.

Me emociona observar la magia que encierra la música que no se espera, la que sale tal cual, la que te arropa, la que te inunda de recuerdos y la que crea nuevos. La que te arrastra a otra dimensión y la que te une y te devuelve a la simplicidad primitiva de sentirse vivo al vibrar, y sentir que no estás solo. Una mirada cruza la tuya con la misma emoción sincera y sientes que hay alguien que, por un segundo, un parpadeo, comprende al cien por cien tu sonrisa y tú la suya.

Hay una masa de cordobeses inmensa que se balancea expectante y plas! Ahí sale él, curtido en sus gafas impenetrables y esos pantalones de una talla menos que hace gritar a más de una mil suspiros. Lenny Kravitz nos mira y la música comienza. Ya es de noche, y se está a gusto, muy a gusto. La canción que comienza, entonces, nos desata la sonrisa a una sola masa, y yo dejo de estar ahí.

Siempre se me hacía duro subir la cuesta de mi casa, cuando al salir del instituto, debía entrar a comer. Pero un momento casi mágico a modo de ritual era el que me ofrecía la sombra de hojas verdes o amarillas de los árboles del inicio de la cuesta. Sombra, luz, sombra, luz, sombra, paz, luz…y último empujón de cinco minutos eternos hasta la puerta del nº20, con la catalpa saludando jocosa y tú sudando a chorros buscando vaciar a sorbos un gazpacho fresquito recién hecho por mamá.

Sin embargo, de noche, la misma cuesta eterna, se me hacía tan cortita y al mismo tiempo abismal como mirarme dentro de los ojos de Juan que, de la manita, me acompañaba a mi casa tras estar con Popi y el resto de amigos. Hablábamos de tonterías o la subíamos en silencios dulces, y nos regalábamos mil besos juguetones en los rincones de una cuesta, que, aunque recta, era cómplice y se curvaba cuantas veces queríamos. Sobre todo el último recodo en donde mendigábamos minutos al reloj para no separar nuestras sonrisas camufladas en besos. Éramos cómplices de nosotros mismos y lo demás… era lo demás.

Cuando ya no le veía convertido en un puntito negro que agitaba la mano, entraba en silencio en casa oyéndome el corazón y ya en la cama, encendía el compact-disc y escuchaba a Lenny Kravitz con la sonrisa de sandía roja roja. Tener 17 años y no querer crecer más. Sentir que ya puedes congelar el tiempo, que no necesitas más.

Es curioso el efecto del conductismo, como el perro de Paulov. Ahí estaba la misma canción que tantas veces me hacía de banda sonora, pero en directo, mirándome, y el corazón latiendo al ritmo. Entonces, con la sonrisa y aterrizando, una ola de emoción, de esas que no controlas y te tiembla el cuerpo pero que no te asusta sino que asumes, se apodera de mí y me sacude la mirada enternecida. Intento controlar la expresión de la cara, miro al escenario. A mi lado está mi hermanita, detrás mi tía Consuelo y mi tío Javier, a mi derecha Ali, más a lo lejos Carmen…y dándome la mano de repente, apretando fuerte fuerte pero sin volverme la espalda, está Juan que no deja de apretar y me dice todo con la caricia de su dedo pulgar. No puedo ver sus ojos, ni puedo colocarme a su lado, pero no nos hace falta.

Entonces, ya no sonrío sino que estallo a reír mientras mis ojos lloran agradecidos, agradeciendo el qué? Quizás el haber sido testigos de verme crecer, de amar desde tan pronto, de vivir y ser consciente de ello, y de tener en ese momento preciso alguien que, sólo él y tú sabéis, ha crecido contigo con la misma canción…y que también en ese momento recuerda esos paseos por la cuesta, o por ejemplo, el viaje en que vino a verme a Bruselas con Lucía y Willy, y que ella, sin saberlo, al montar el video utilizó esa canción.

Esos momentos en que la música te sobrecoge, te desenmascara, te revuelve por dentro y te da una lección de las que entiendes pasado un tiempo.

Los últimos acordes terminan y todos aplaudimos como una tormenta. Era la apertura de uno de los mejores conciertos que he visto últimamente. Luego, entre anécdotas divertidas y miradas cómplices, no dejamos de bailar en toda la noche a ritmo de guitarreo rockero o baladas cañeras que ahí, en directo, las entiendes mejor que nunca.

Euforia colectiva. “I belong to you and you…you belong to me too”, nos canta Lenny mientras Carmen, Ali y yo nos damos la mano fuerte, al mismo ritmo de bailoteo, con ojitos tiernos y felices. Sientes que perteneces a mucha gente porque ellos te pertenecen también a ti…y las canciones más superficiales y sencillas se vuelven verdades rotundas.

El mes de mayo ha sido un regalo de primavera y buenos momentos que se han ido hilando a través de la música. También de un no parar y de muchas incertidumbres laborales, pero al fin y al cabo, un gran mes de esos que sabes que vas a recordar con banda sonora aunque pase el tiempo.

Comienza con un concierto del día del trabajador cargado de funky, acordeones, guitarras y saxos, trompetas y clarinetes. Toda Bruselas en una plaza concentrados celebrando que hoy acaba de salir el sol. La música parece incluso lo de menos. Aquí todos casi despelotados aunque sólo haga 20 grados, pero por dios! 20 grados tras un invierno tan malo es como lluvia tras la sequía. Entonces, en una mini fuente con mini césped, un centenar de personas nos sentamos a mirar al sol, da igual el concierto, pero miramos al sol y no hablamos. Luego llega un chico de Kazajstán y te cuenta que él tenía todo el sol del mundo mientras iba en sus caballos por las estepas…y lo dice mirando muy lejos, con los ojos muy negros…y te imaginas ser un pájaro que lo observa desde muy arriba, viéndolo trotar…pero sin saber entrar en sus pensamientos.

También pasa antes por un finales de abril, pero como si fuera mayo, en donde descubro con un paseo furtivo una Granada amiga, en donde Lucía te regala un concierto de Franz Ferdinand. Ahí las dos, moviendo el cuerpecillo a ritmillos encogías, y yo la miro de reojo recordando todos los conciertos que vimos juntas en Madrid en los metrorocks y compañía, haciendo los mismos gestos, y me asalta una ola de esas de no controlar…que sin duda está empañada de nostalgia por los años de universidad y el día a día juntas que aún están cerca en el tiempo, pero que se ven tan lejos ya…

Seguido, de regalo, Juan Carlos vestido de traje y chaqueta nos invita a Trini y a mí al Teatro de la Zarzuela en Madrid para deleitarnos con canciones-lieds románticos y de Ravel, como si fuéramos abejas que desgranan poesía en una flor.

Luego pasa por compartir a Lola Flores y sus “bolaschinas” o borrachina, según la oreja del que lo escucha. Roberto no tiene otra idea que regalarme un link de la Faraona en donde canta “estoy como nunca….estoy acabando, de nuevo empezando la vida otra vez”…y que se ha convertido en un himno de este último tiempo. Risas en mi piso compartido con Ted, mientras Trini y Roberto, traen un cielo azul madrileño y Bruselas se viste con su mejor color para enamorarlos en un día capicúa, y por tanto, mágico.

El escenario iluminado, nosotros de pie en un palco, gritando, bailando, intentando mover al resto del público, con canciones de terciopelo que Sara Tavares va cantando, se me antoja, para nosotros nada más. “Bôm Feeling” de buenas energías y todos moviéndonos al mismo ritmo, cual azafatas de vuelo sesenteras. Luego la voz de Sara se vuelve más clara y al mismo tiempo oscura y canta a solas con su guitarra la canción “Guisa”…en donde un escalofrío acaricia la espalda y lo ojos. Entonces noto que Trini recuerda momentos suyos propios y muy personales, y al darme la mano me los transmite, como el volver a aprender a llorar para curarte por dentro, y no tener vergüenza de que la gente que te quiere te vea cristales líquidos al mirar…ya sea en un parque, en un concierto, o en silencio delante de una pantalla.

Al día siguiente, es la fiesta de la flor de lys, la flor de Bruselas, y todo el centro se llena de malabares, titiriteros, djs que mezclan tecno al lado de otros que mezclan Satie, y todo en su justa medida y momento, incluso con pedazos de césped en las aceras y plazas para tirarte y parar el reloj. La ciudad rebosa de verde y rojo, azul, amarillo, rosado, como las bolas de una fuente en la que Roberto juega con niños de tres años, viendo a lo lejos la GrandPlace y de cerca el Mont des Arts, que tiene personajes sacados de Alicia en el País de la Maravilla, con jóvenes vestidas de flor renacentista tocando el violín. Incluso la estatua de la reina ha decidido cambiar de estilo y se ha envuelto en una bufanda gigante de colores que la atrapa de los pies a la cabeza.

Luego mayo me regala las fiestas folklóricas de “Namur en mai”, en donde también hay césped como alfombras y las calles del casco histórico de este pueblo tienen flores gigantes como amapolas que son lámparas de noche. Una Edad Media estilizada con sabor a queso de cabra y lavanda (el mejor queso que he probado en mi vida) en donde, sentados al lado de un loco de verdad, Ted y yo escuchamos a Jullian tocar en una esquina mientras se llena de público por momentos que le tira moneditas de la suerte y el loco hace el sonido de la perdiz (en vez de ladrar) cuando pasan tías buenas a su lado.

Y de golpe, mayo se cierra bailando sevillanas con mi padre, vestida de serrana cordobesa como mi hermana, como gran regalo que nos han hecho mi mamá y mi papá. El calor pega fuerte en Córdoba, y a mí me gusta presumir de cordobesa elegante con falda negra y gorro rojo, mientras Ted me mira con ojitos de amor y admiración e intenta aprender a bailar conmigo.


Luego llega el 1 de junio y despertamos en la nueva casa que tiene jardín y amigos con los que compartir cenas. Los pájaros te saludan de día y el cielo desfila nubes a veces con tormenta de verano y otras con color blanco de los cuadros de Magritte, mientras las observo deslizarse desde la terraza acristalada. No hace más de 25 grados, y normalmente estamos a 18-20. Es una diferencia frente al calor bochornoso de Córdoba, que sinceramente echo de menos, pero al mismo tiempo es un placer sentir una primavera fresca que cosquillea las mejillas en bicicleta.

Un mes de junio algo loco, que aún no cierra capítulos y que me tiene algo alerta a nivel laboral. En el último capítulo os dije que me iba a ir a Guatemala a lo mejor, pero resulta que hice las entrevistas en Madrid y me dieron Mauritania de julio a septiembre. Ya me imaginaba en las dunas del Sáhara de Saint-Exupery, buscando rosas y pozos, pero al final tuve que decir no a este proyecto de verano de cooperación cultural.

Me quedé la segunda en un concurso de puesto fijo que llevo haciendo desde marzo para el Ministerio de Asuntos Exteriores de la Embajada Española en Bruselas. La segunda de más de 40 personas que se presentaron! Y por un lado es un orgullo, pero por otro da impotencia al ver que tus resultados son mejores pero que sólo tienes 25 años y apenas puntos de experiencia, por lo que la primera persona te ha sobrepasado.

Así que dije no a Mauritania porque ahora sigo con la incertidumbre de puestos temporales (ya se han repartido tres y yo no he sido la elegida, pero no pierdo la esperanza) que están saliendo para la presidencia española de 2010, y debo quedarme hasta principios de julio mínimo, para cerrar este otro capítulo que me tiene algo cansada. No el proceso eterno en sí, sino la falta de concreción en las fechas de publicación, de claridad en las respuestas, de sencillez en las presentaciones. Eso sí, pico y pala y a no cejar en el empeño de dar lo mejor de mí para encontrar mi sitio. Si no me han salido estas plazas es porque no estaban hechas para mí. Punto.

Pero de momento, junio no sólo se queda ahí. Se queda con el momento de compartir mis rincones con mis dos niñas de Córdoba, Ali y Carmen, que vinieron de fin de semana fugaz y que al mismo tiempo dio espacio a querernos todavía más, a reír a carcajadas, a mostrarles partes de mí sin prisa, a que ellas se dejaran querer y descubrir, a ver paisajes en ventanas de tren, tocar monos de piedra en Mons, ciudad de monstruos humanos, pasear posando cual modelo de H&M sin vergüenza alguna por Bruselas, ser cómplices de comentarios de marujas, interpretarles Lola Flores “estando como nunca”, beber juntas Duvel y cía, y bailar en masa en la fiesta pantoufle de mi casa, con amigos de todos los rincones y ellas formando parte ya de mis recuerdos belgas.

Todo esto lo voy pensando mientras barro la cocina a las 8.30 de la mañana, el domingo de resaca, tras haberlas acompañado al tren a las 7.30. Hay borrachos que duermen en algún rincón de la terraza acristalada, y otros en el salón. Yo recojo tranquila, al ritmo de los pajarillos y los ronquidos de alguno, las botellas y platos, barro y friego el suelo sin dejar de sonreír. No me quiero acostar aún, porque quiero que ese fin de semana siga siendo presente. Todavía visualizo la mirada de Carmen a las 6 de la mañana y la sonrisa de Ali sentada viendo amanecer una hora antes.

Entonces, me descubro tarareando una melodía, y pienso que es verdad, que hay canciones que desatan momentos en los que descubres verdades rotundas. Ellas me pertenecen en mi vida actual, igual que yo a ellas. Subo a la cama, y duermo apenas unas horas…mientras canciones de todo tipo golpean en la cabeza, resacosa… pero muy feliz.



(Canción Balance, de Sara Tavares: http://www.goear.com/listen/d7ede91/balance-sara-tavares )

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