
Alex está en mi patio. Tiene la misma mirada que capta todo, que se empapa. Ahora la vuelve a tener, porque a mí, se me antoja que la ha tenido un poco opaca este último tiempo, y eso que Bruselas estaba en flor, y eso que la lluvia acariciaba, y eso que el sol era perezoso y aguantaba más horas en las calles empedradas desiguales. Ahora que vuelve a mirar con esos ojos, ahora se va. Yo le quito hierro al asunto, me ocupo de comer antes de ir al trabajo, me encargo de decir frases dulces pero que quiten importancia ... pero empiezo a enfadarme ante la idea de sentir ese nudo en la garganta que tantas veces visita.
Alex tiene los ojos profundos y empapados de tristeza, o una mezcla de salto al vacío e incertidumbre, o de no haber acabado algo pero tener que cerrarlo. Una página, un silencio, un año, un sentido, un idioma, un Erasmus sin serlo, unos amigos que se quedan aunque el se vaya…. Ahora soy yo la que se queda. Comprendo su mirada y sus ganas de despedirse de todos. De hacerlo con esa mirada y con una broma mala de esas suyas que tanto me hacen reír. Yo le digo que no hay adioses, sino au revoirs, o sea, hasta « re-vernos » … que nos veremos quienes se busquen, estemos donde estemos. Pero el lo oye a medias. Lo sabe, pero esta perdido y necesita vacaciones internas, de esas en las que uno se escucha despacio, a pesar del sonido de fondo… y analizar su año semi erasmus, semi frio semi abrazos, semi lejos semi cerca. Entonces, cuando lo vea lejos, Bruselas y sus calles grises se le quedaran grabadas dentro.
Antonio y Ted están con nosotros en el patio. Antonio también comprende ese salto al vacío, porque a el le paso igual que a mi y ahora a Alex. Y sonríe suavito. E intuyo que se ve hace 5 años en nuestro abrazo en casa de los holandeses, lloviendo, cuando me fui con mi bicicleta azul con otro nudo en la garganta y el con la cabeza en Canarias.
Yo bromeo con eso de que Bruselas tiene una droga rara y que volverá antes de que se lo espere. Todos sonreímos porque suena fatalista. Yo intento pensar que es cierto lo que digo, para verlo pronto por esta ciudad de paradojas verdes y grises.
Me tengo que ir. Me abraza y me aprieta. Yo respiro su respiración y su amor en ese abrazo. Un abrazo que es una mano que aprieta fuerte. .. y ahí estoy, con el nudo en la garganta, con ganas de llorar con el pero sin el derecho de hacerlo. El me dice que se despide aun de Ted. Así que aprovecho para salir volando en la bicicleta sin que él me vea triste. Subo y bajo de memoria las calles que me llevan hasta el trabajo. Apenas miro el camino. Las lágrimas opacas ya me están susurrando en el oído. Alex se va y yo me quedo pedaleando, con la tonta esperanza de verlo en unos días por mi calle, por mis-nuestros bares, por la Grandplace de improvisto… pero sé que no es verdad. Que Granada es su nuevo-viejo rincón y que tendré que ir pedaleando hasta allá para ver su mirada sonriente, donde en realidad nos conocimos.
Luego vinieron semanas raras y rápidas. Últimos días de trabajo en la embajada, Alberto se va, aunque se que va y viene y que va a estar muy cerca estos próximos meses, o Amsterdam o Paris.( Ya sonriso nada más que de pensar en pasear con el sin prisas.)
Otros cambian de etapa y de piso, como Roberto, pero tengo la suerte de disfrutar de un paréntesis con él, un fin de semana dulce en el bosque belga, cocinando, mirándonos, pensando, y sintiendo la energía del otro.
Otros se quedan sin voz, otros la recuperan, y otros se despiden y otros se reencuentran.
Pero Mamalela se rompe la cadera.
Mi padre me lo dice en el coche un dia después del partido de España contra Alemania. Partidazo que disfruto rodeada de alemanes con buen perder, con cerveza belga y pensando en mi padre, en lo bien que debería estar pasándolo. Le llamo para brindar con el, y me pasa a mi abuela. No oigo nada. Las calles de Bruselas son españolas en ese momento y no puedo escuchar su voz apenas del ruido de coches pitando, cohetes y gritos de « soy español, lololooo, lololooo». Pienso que ella ha vuelto a Córdoba para pruebas medicas y que regresa a Málaga con mi padre el viernes. Pero llamo al día siguiente y mi padre va de camino al hospital de Marbella, a la misma habitación de hospital en la que vio con mi tio Jesús el partido, en silencio, mientras mi abuela dormía con la cadera partida.
Me entra el pánico. Pienso en mi abuelo. En que el perdió la cabeza tras la operación y que poco después se murió por sus problemas de infartos. Y que no pude verlo. Lloro como un bebe por teléfono, cabreada por estar lejos, por haber brindado goles sin saber que mi abuela me hablaba desde su habitación de hospital. Me siento muy mal y me vengo abajo. A eso se le unen dos días de baja médica de infección de vejiga y las horas pegada al ordenador para tener novedades. No le operan hasta el sábado. Cinco dias lentos.
Ese sábado estaban en casa unos amigos de Antonio y el hermano de Maria. Hace mucho calor. Todo está muy gris. Estoy eléctrica. No me aguanto. Nudo en la garganta horrible. Recibo un mensaje de mi tio : Mamalela entra al quirófano. Cinco horas. Así que huyo de situaciones normales con compañía. Voy directa al metro. 40 minutos despues estoy en el Atomium. Parece que voy a tocar las nubes de lo bajas que estan.
Sigo la música de guitarra y voz entre el camino de arboles altos. Llego al festival de jazz gratis que quería ver. Alli descubro a Coline, mi francesita florista que dibuja su historia de amor con Bruselas. Me saluda. Entro en su sombrilla verde. Empieza un grupo de folcklore asturiano (si, ese tipo de rarezas que tiene la ciudad, como cuando Carlos Nuñez toco en la GrandPlace) y al instante empieza a llover. Coline y yo sonreímos porque estamos bajo una sombrilla. Vemos como atardece lloviendo, la gente se mueve como hormigas y el sonido tiene algo de primitivo que me lleva a relajarme un poco. Cierro los ojos. No hace frio. Pienso en ella, en esa mujer fuerte que es mi abuela del alma. Pero estoy nerviosa y solo soy capaz de ver su mano con sus venitas verdes y sus manchas. Cojo su mano, la aprieto y la huelo. Esa imagen se repite todo el tiempo. Abro los ojos con el primer trueno. No llueve, diluvia. La sombrilla esta calada, mi gorro también, y mi pelo. Los pies están embarrados, todo está caliente pero el sol se está yendo y no deja de llover torrencialmente. Entre trueno y trueno, tambor, pandereta, voces de mujeres inmigrantes y gente corriendo caótica con sillas en la cabeza, descubro un poco de magia :
El escenario y todo el círculo de anfiteatro están rodeados de tilos. Árboles frondosos que empapan los caminos de Bélgica. Los tilos del círculo se agitan y bailan y desprenden sus flores al centro.
Estas flores giran en si mismas, flotan con el viento, desafían los truenos que me asustan, y bailan muy despacio. Paran el tiempo, como si bucearan entre la lluvia que apenas nos deja ver mas allá del circulo. Ignoran la ley de la gravedad y, antes de ceder, suben un poco más para seguir girando hasta posarse en el fondo del charco gigante. Son flores blanquecinas, rosadas y de golpe pienso en las mejillas de Mamalela. Siento que está saliendo bien, y salgo a bailar con Coline bajo la lluvia junto a las flores de los tilos y le dedico este momento a ella, que esta ganando una batalla mas de su vida. De ahí corremos al metro. Me despido de Coline. Al llegar a casa ya no estoy nerviosa, ni tengo electricidad estática en las manos. Me cambio de ropa y recibo un mensaje de mi padre : la operación ha ido bien. Al día siguiente volveré al festival con la manita de Ted y mas amigos como Lila.
Vuelvo a ser yo y me lleno de energía para recibir dias después a mi tio Jesus y Marta. Ellos llegan en mi ultima semana de trabajo, lo cual ayuda a cerrar esta etapa. Se me hace raro pensar en septiembre, aunque fantaseo con tener el mes entero para mi, enviando CVs, pasando dias con Lucia en Granada y ver a Alex, subir a Madrid y ver a mi gente de allí y ayudar a Trini a encontrar un piso nuevo, subir mas aun y descubrir la nueva ciudad de Juan en Gijón y tocar con el en su piano. .. e incluso pillar un avion a Egipto para sonreír a mi amigo Gui, que va a seguir otro año mas allí.
Pero esa semana la lleno de trabajo, de complicidad con mis compañeras, y buenos momentos en compañía de Ted, Jesús y Marta, con los que incluso descubrimos las fiestas de Gante a ritmo de funky y cervezas ricas con el verdadero placer de su compagnia.
Cuando ellos se van, mi hermana y Dani ya están en casa instalados. Es mi último día de trabajo. Llego antes de tiempo, recojo mi mesa, mis lápices, mis bolis. Borro ficheros, grabo otros. Y a eso de las 17 horas decido recorrer los pasillos en donde he tenido mayor contacto y roce con la gente. Cindy, en Centralita, que fue mi compañera los primeros cuatro meses. Me pongo en el rol de fuerte y empiezo a repetir a todos que esto es un hasta luego, que en septiembre nos ponemos al dia, que ahora de vacaciones y que nada de abrazos tristes. Pero paso delante de Silvia, la mama de Leo a quien doy clases de piano (y que seguiré viendo en septiembre), paso por el despacho de Pedro, voy al cuartel de los policías y Joze Manue ; el jefe, no esta, pero me lo ponen por teléfono, quien me da su movil para tapear cuando vaya a Granada, porque el regresa alli también. Abrazo a Javi, a mi compi Blanca que se va con los ojos llorosos, a Felipe, de Peñarolla, que me desea lo mejor, a Paco, a Pablo el de fotocopias, a los de Cancillería y Administración … a mi antiguo jefe, el pajarotortuga que me abraza fuerte y me dice junto a Rosi, su sombra, que ha sido un placer tenerme en el equipo…y me lo dice emocionado y con la promesa de vernos tras las vacaciones. Paso por Alix, con el que siempre he hablado en frances. Paso donde Enrique y donde Manuel, que ha leido mi mail de despedida y me desborda con un ultimo abrazo y que al preguntarme, me hace llorar. Y estallo. Lloro como un bebe (me observo desde fuera y me da verguenza llorar de emocion con ellos, pero no tengo remedio) y ya llego otra vez a mi departamento y mi jefa (aunque algo neurotica, no es mala persona) se abalanza para darme un abrazo de esos sentios y empieza a bromear para no llorar. Manuel, el abuelito de 62 agnos, emocionado me abraza y me acompagna triston. No se queda tranquilo con lo de que me vaya sin trabajo a la vuelta.
Bajo y veo a Lila, burlona, que me abraza y me dice que no me averguence por llorar, que eso significa que he visto lo bueno de haber estado alli, a pesar de todos los pesares que hemos pasado y con mucha gente absurda que hemos conocido. Pero que dentro hay personas buenas y es normal ponerse asi.
Me voy en bicicleta, con la tarjeta en la que aparece mi cara en forma de cono desactivada. Lila me abre con la suya (que en unos dias le deja de funcionar tambien a ella) y la ultima imagen que me llevo de la REPER es ella agitando la mano con su gorrito en la cristalera pecera con su sonrisa alegre en contraste con el busto de JuanCarlos I sonriendo soso.
Han sido once meses de presidencia española, de paradojas e incongruencias politicas, de vivirlo de cerca y de ver lo absurdo de todo, desde el punto de vista espagnol, desde el punto de vista europeo, desde mi punto de vista. Pero he aprendido, y eso me llevo. Eso, algunos amigos y las ganas de seguir aprendiendo, creciendo.
Pedaleo y me digo « ya te vale, anda que llorar como un bebe… porque te piras de este sitio….lo tuyo es ya el melodrama »… y nada, me seco las lagrimas tranquila, que al llegar a casa esta mi hermana.
En mi camino paso por la Comision Europea y por el Consejo. Alli ya no estan los logos de la presidencia espagnola, sino la belga … y sonrio maliciosa. Creo que la presidencia promete tener mucho de lo que hablar. Basta recordar la fiesta de inauguración que hicieron en la plaza de Luxemburgo donde el parlamento europeo : gente bailando aerobic, karaoke de gran hermano con un popurri de grandes éxitos en ingles, acrobacias en el aire, fuegos artificiales, botellón permitido en la calle, en la que estoy junto a Alberto Senante y otros amigos. El me mira atonito y a mi me da hasta vergüencilla ajena. Pastiche por aqui, despliegue por alla, pasta por aca. Lo unico bonito es el montaje de luces del edificio central de la plaza. Anestesiados lo vemos. Llega Tilemans, el gran jazzista flamenco que versiona a la harmónica un standar de jazz. Luego canta una mujer la opera al estilo de Ainhoa Arteta, con orquesta de fondo. Luego, sin venir a cuento, sale el cantante de Depeche Mode y hace la peor versión del mundo de « Ne me quittes pas » de Jacques Brel. Yo me revuelvo en mi sitio y pido a la sensatez que la celebración termine con el himno de la Alegria de Beethoven. Leches, me hacen caso ! Ahi creemos que todo termina cuando de golpe sale un negrito llamado « Stromae » (ojo al dato, es maestro al reves) que comienza a cantar la peor cancion éxito de los últimos tiempos « alors on dance ». Una canción protesta por la sociedad actual, ante la cual el chaval se resigna y decide simplemente bailar y dejarse llevar. Menudo « buen » mensaje de la presidencia belga en una Europa de prueba, dirigida por un pais a la deriva politica, con un canto al estatismo y no hacer nada por mejorar la situación actual. Ahí es nada . Yo miro a Alberto que se lo toma con humor y se ríe de todo, y yo le sigo. Y esa, señores, era la presentación de Bélgica como presidentes de esta UE de estrellitas amarillas.
Paso la rotonda de Schuman, atravieso en la bici el parque, debajo de los tilos, llego a casa, hago la maleta y me sumerjo en el abrazo de Ted. Al dia siguiente pillo un avión a Málaga para ver a mis padres y distraerles un poquito. Mijas sigue igual y yo vuelvo a la adolescencia en cada rincón que piso. Nado en el mar y me parece mentira que un par de días antes estuviera pedaleando con nudos en la garganta en Bruselas. Y se abre el verano por delante y septiembre me da un golpe de improviso y descubro esta semana en Málaga que tendré trabajo: trabajare como periodista para la CEOE en su sede belga. No me lo creo aun y no sé cómo será, pero es una continuación, un reto y un seguir trabajando, así que no me puedo quejar para nada. Aunque me quede por ahora sin ir a Granada, Gijón o Egipto. Ya sera.
Ayer llegué a Córdoba, con sus 42 graditos. Y pude abrazar a Mamalela al fin. Anda con muchas molestias, pero camina. Tiene el riesgo de sus pulmones encharcados, pero respira y me sonríe. Tiene en la mente entrar unos meses a una residencia. Ella quiere probar pasar una temporada allí… y bueno, imagino que le tocara a ella escribirme capítulos de sus nuevas aventuras, sus idas y venidas, mientras que yo escribo pensando en que me lee estas líneas mientras vengo hacia Bruselas en avión antes de ir a Auray, como una parada o burbuja de las nuestras. De las de vosotros conmigo.
Avion entre Malaga y Bruselas 2.8.10
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